domingo, 28 de agosto de 2016

El clientelismo social y la psicopatía política

Antes de involucrarnos con el tema de la psicopatía política debemos entender con claridad qué es un  psicópata al margen de lo que, en muchas ocasiones, el cine logra hacernos creer.

Al mencionar la palabra psicópata es común que nos imaginemos al típico asesino serial con una sed de sangre casi visible ante los ojos de los demás. Yo misma incluso, cuando hago alusión al tema considero inevitable pensar en la capa de Jack el Destripador, las obras de artes de Ed Gein y por supuesto el rostro perfecto del famosísimo Ted Bundy. Es verdad que,  aunque difícil de creer, estos siniestros personajes   han sido totalmente reales, pero el término va mucho más allá del terror. Es importante que empecemos a zarandear nuestro concepto y nos acerquemos un poco más a la realidad.

El Dr. Hugo Marietan, médico psiquiatra y escritor argentino, define la psicopatía de la siguiente manera:

"El psicópata en su accionar no es visiblemente 100% psicópata. No tiene una característica física que lo distinga. Es uno como nosotros. Puede estar tomando apunte o dar una clase, ser un compañero de trabajo, un líder social. Sólo cuando actúa 'psicopáticamente' se lo puede reconocer. Tampoco son todos brillantes y exitosos, los hay errabundos y marginales; otros se manifiestan en un ámbito tan privado (perversiones) que, excepto para el complementario, es una persona común."

Dentro de la gran cantidad de rasgos en la personalidad que puede poseer un psicópata es preciso recordar que generalmente se caracteriza por ser mentiroso, manipulador, irresponsable, carente de empatía y amante del poder. Y es esta última cualidad la que muchas veces les permite lograr tener éxito en sus objetivos y escalar cada vez más hacia una posición cuya importancia no solamente depende de la influencia que puede ejercer sobre los demás, sino también de lo que representa: un refugio de protección y discreción para sus actos.

Quizá muchos nos preguntemos cómo es que una persona tan importante para un numeroso grupo puede poseer esta condición sin hacer tanto ruido como un psicópata marginal. Debemos reconocer que en el poder hay un marco que protege al psicópata de pagar las consecuencias por sus actos. Es por ello que una vez esté sentado en la silla hará lo posible por permanecer allí. Ya sea de una manera totalmente inmoral y despiadada como la coerción, la extorsión, entre otros. O bien, por medio de herramientas menos estridentes pero no menos peligrosas. Con estas me refiero a sistemas políticos muy comunes, a los que fácilmente nos vamos adaptando y le quitamos relevancia. Tal  es el caso del Clientelismo.

El psicópata es casi incapaz de ver en las personas más que un conjunto de funciones que de alguna manera u otra han de beneficiarle, es decir, utilizan a la gente como medio para alcanzar un fin. Pero, ¿por qué el clientelismo puede ser considerado como accionar psicopático?

En un sistema de clientelismo, el poder  se utiliza para obtener beneficio privado. Es más bien un intercambio de favores, en el que los de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral. Es prácticamente un “Yo te doy si y solo si tú me das”

Sin embargo, el intercambio no sólo ha de ser favorable. Sino que esa misma capacidad de decisión puede ser utilizada para perjudicar a quién no colabore con el sistema. Para que este lado de la moneda sea efectivo es necesario que primero se cree una necesidad que generalmente ha de ser una grieta económica. El político le hará ver al pueblo que la única opción para salir de esa grieta es permitirle ser su salvador. En pocas palabras le está quitando al pueblo la capacidad de elegir, así como un psicópata siempre deja a sus víctimas sin opciones.

Recordemos que un sujeto con esta condición siente la necesidad de representar algo para el otro, de ser insustituible, de ser adulado más allá de todo.

 “El  psicópata no se adapta a la tranquilidad. Él necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso las sociedades lideradas por políticos de estas características viven de crisis en crisis.Dr. Hugo Marietan


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